Recibir una carta de despido nunca resulta fácil, y lo primero que aparecen son las dudas: si la empresa ha actuado bien, qué cantidades reclamar y, sobre todo, cuánto tiempo hay para reaccionar.
En Oviedo, el plazo para impugnar un despido es de veinte días hábiles desde la fecha de efectos. Se agota antes de lo que parece, porque no cuentan sábados, domingos ni festivos, pero tampoco espera a nadie. Dejarlo pasar significa que la reclamación ya no sea posible.
Un despido puede ser procedente, improcedente o nulo. La distinción es decisiva: mientras el despido click improcedente da derecho a una indemnización de 33 días por año trabajado, el despido nulo obliga a readmitir al trabajador. Los casos de nulidad suelen darse en supuestos de embarazo, reducción de jornada o vulneración de derechos fundamentales.
Antes de dar el asunto por cerrado, conviene que un profesional analice la comunicación: los hechos que alega la empresa, las fechas, el cálculo de la liquidación y si se han respetado los trámites. Muchas reclamaciones se ganan precisamente por errores en la carta o en el procedimiento.
Contar con un abogado laboralista desde el primer momento permite no quemar plazos ni firmar documentos perjudiciales. Aceptar la liquidación sin salvedades puede cerrar la puerta a reclamaciones posteriores.